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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Soy actriz gracias a mi abuelita

https://clubdeescritura.com/?p=1801246

martes, 11 de septiembre de 2018

¿Por qué no probar a escribir un poema?

Egipto 1991

Shaila o Vencer al destino .

¿Dejamos perder nuestro paraíso?

Volver a Shangai


RODANDO

¿Qué quieres ser de mayor?

TODO VIENE DE LA NADA

domingo, 9 de septiembre de 2018

Las líneas de Nazca. ¿Hablando con los dioses?


Por Carmen Hidalgo Lozano. Septiembre 2019


En este enlace tienes un pequeño relato o disquisición sobre las líneas de Nazca.
Es el escrito que me ha inspirado mi reciente estancia allí.

Sin ninguna pretensión, simplemente expongo mi experiencia al pasar por allí, mis pensamientos y lo que mi mente asimiló de lo que allí me dijeron. Poco más. Una gran experiencia.








Nadie sabe lo que significan y por eso mismo hay cientos de hipótesis. Sin embargo viéndolas desde el aire son dibujos clarísimos de animales y plantas, aunque queden algunos dibujos geométricos sin identificar. ¿Por qué nos intrigan tanto?
Ni las culturas pre-incas ni los incas en todo su esplendor conocieron la escritura. Estos signos hechos para gigantes o para habitantes del cielo constituyen su mejor intento de transcender, de penetrar en la historia, de comunicarse más allá de su vida mortal.
Estos pensamientos llenaban mi mente mientras caminaba hacia la torre de la señora María Reiche para divisar de cerca alguna de las líneas milenarias del desierto de Nazca.


Elegí la opción de la torre en lugar de la avioneta que las sobrevolaba porque me pareció más auténtica, más cercana. Quería estar cerca de las líneas como lo estuvieron en su día los que las dibujaron sobre la tierra. Me las traje puestas en una camiseta del Mercadillo Indio de Lima. Ahí están. 




Particularmente no me pareció que requiriese un esfuerzo sobrehumano realizarlas, ni que fuera tan difícil el trazado desde tierra, siempre que se tuviera claro lo que se quería dibujar. Eso sí es intrigante. ¿Por qué esos dibujos y para qué o para quienes se hicieron? El hecho de que se hayan mantenido en el tiempo tiene que ver con las características físicas de la tierra sobre la que están hechas y sobretodo con el clima desértico de la zona.
El día anterior habíamos visitado la Reserva Nacional de Paracas e Islas Ballestas. Volviendo de las Ballestas vimos el famoso geoglifo llamado El Candelabro.

Este dibujo de la cultura Paraca parecía tener una interpretación clara. Se ve desde el mar. Podría actuar como una especie de faro. El candelabro no es tal sino la representación de un cactus con propiedades alucinógenas y supuestamente curativas de gran significado para ellos y utilizado en sus ceremonias por el Chamán. No costaba trabajo entender que quería decir: "Estamos aquí. Si desembarcáis en esta costa nos encontraréis". También parecía ser a la vez una especie de insignia o bandera que identificaba a estos pobladores. Esta interpretación no servía en cambio para las líneas de Nazca, a no ser que supongamos que hubieron también aeronaves.
Nos dirigimos en autobús a la Necrópolis de Chauchilla. Cientos de tumbas mortuorias con restos momificados bien conservados por la sequedad del desierto. En realidad quedaban pocos restos y momias porque las tumbas habían sido expoliadas y los objetos de valor llevados a los museos de Lima. No obstante fue un encuentro muy interesante con esta cultura Nazca pre-inca. El guía nos explicó con mucho cariño cómo habían construido los acueductos espirales ascendentes para poder cultivar en el pequeño valle junto a las dunas. Nos habló de cómo desaparecieron sin que se tenga clara la causa. Y como el que no quiere la cosa, sin darle casi importancia, nos dijo que los enterramientos eran familiares, que los tejidos que se encontraron allí fueron riquísimos para la época y que en telas y objetos cerámicos se repetía para cada tumba uno de los dibujos de las líneas de Nazca, de modo que era fácil suponer que ese dibujo en concreto identificaba al clan familiar dueño de ese espacio mortuorio.





Tan cerca de ellos las líneas de Nazca, tanta influencia del Chamán en sus vidas,... A mí me pareció clara la idea de que cada familia había dibujado su signo de identidad en la tierra como una llamada a los dioses diciendo: "Estamos aquí, cuidad y proteged a nuestra familia". Todos los signos juntos en un área tan grande estaban reclamando el favor del cielo para todos los habitantes de Nazca. Quizás para no desaparecer como pueblo objeto de no sabemos que grandes catástrofes. ¿Guerras? ¿Falta de agua? ¿Epidemias? Quizás para facilitar el paso de los muertos al más allá, al reino de las sombras, o de las luces, al lugar donde habitan los dioses, fueran extraterrestres o solamente ocuparan un lugar en el mundo espiritual de las gentes, en el universo de los sueños, de las ilusiones, de las creencias, de las esperanzas. Si eran capaces de leer sus signos grandes desde el cielo, como las aves rapaces que vuelan en lo alto, podrían entender que allí reposaban los restos de sus seres queridos, que hasta allí debían venir para llevarlos hasta el paraíso.
¿Por qué los occidentales tardamos tanto tiempo en descubrirlas? Eso es harina de otro costal.
Están descritas desde el siglo dieciséis; sin embargo nadie se dedica a su investigación con ahínco hasta el primer tercio del siglo veinte. Entre todos los arqueólogos destaca claramente una mujer que se dedica en cuerpo y alma a tratar de desentrañar este misterio. La vida y pasión de María por estos trazados es, al menos para mí, casi tan interesante como los propios geoglifos. Se identificó con los nueve dedos de las manos de Nazca porque a ella le faltaba también uno de los dedos de sus manos. Pensó que había sido una princesa Nazca en una reencarnación anterior. Amó a los pobladores Nazca y los resucitó para el futuro.
En todo caso, sus tumbas y sus líneas hechas para ser vistas desde el cielo les han concedido la transcendencia. Ahora sabemos de ellos, de su lucha, de sus logros, de su forma de vivir y morir, de su existencia. Muchos siglos después de su desaparición su cultura sigue viva para nosotros. Millones de personas se acercan cada año a Perú para sorprenderse con estos trazos mágicos cuyos caminos repiten las avionetas con sus piruetas en el aire para que los ojos de los habitantes del cielo puedan verlos... aunque no entenderlos ni interpretarlos.

No es sólo Machu Picchu lo que hay que ver y disfrutar en Perú. Las líneas de Nazca también te hacen sentir como miembro de una familia humana universal y maravillosa. No dejéis de pasar por allí.
*****




viernes, 11 de noviembre de 2016

TÍA ENGRACIA



https://clubdeescritura.com/?p=168500

Convocatoria Historias de Familia III en Club de Escritura Fuentetaja.

https://clubdeescritura.com/convocatoria/iii-concurso-taller-historias-familia/leer/168500/tia-engracia/

Siempre vivirá en mi corazón. Dicen que madre sólo hay una; pero no es verdad. Se puede tener más de una madre. Es más, yo estoy convencida de que tenemos más de una, gracias a Dios. Las historia invisible de las mujeres se sustenta siempre sobre pilares construidos por otras mujeres y no únicamente la madre. Las hermanas, abuelas, bisabuelas,… incluso suegras y cuñadas constituyen muchas veces la base de nuestro mundo femenino, de la sabiduría que nos ayuda a poder con casi todo. Pero también existen las tías. En mi caso la tía Engracia ha sido una pieza fundamental en mi vida. Gracias a ella soy yo misma.
Dicen que nos parecemos mucho, al fin y al cabo tenemos unos cuantos genes en común. Me alegra parecerme a ella ya que me parece francamente guapa.
Granadina de nacimiento, corría por sus venas la gracia de Andalucía. A pesar de que el destino le había reservado buenas dosis de sufrimiento. Todos reían con sus bromas, todos aceptaban su hospitalidad y agradecían su generosidad. Yo tuve la gran suerte de poder compartir con ella algunos años de mi vida. A la muerte de su madre, mi abuela Almudena, conseguí la autorización de mis padres para ir a vivir con ella a Valencia con la excusa de poder así estudiar allí el bachillerato. En mi pueblo solamente había escuela primaria y para estudios secundarios había que desplazarse a la ciudad o estudiar libre con gran esfuerzo.
Mi versión de la guerra española y sus secuelas es la versión que ella me transmitió. Sufrió los efectos del odio de las guerras fratricidas por partida doble. Al principio de la contienda, en zona roja, vio cómo sacaban de su casa a su padre y a su esposo.
– A mi padre – me explicaba – aún podría entenderlo, había sido de la CEDA, si es que eso era un delito. Lo que no podía, ni puedo entender, es lo de mi marido. Era un comerciante que no había hecho daño a nadie. Además ni siquiera era de derechas, ¡si era socialista!
Perdió también su casa, su pequeño negocio y, lo que es peor, sus hijos a causa del hambre y la enfermedad que vino luego. Sobrevivió gracias a que la acogieron como refugiada en un pueblo de la sierra, donde a cambio de su trabajo como maestra le proporcionaron casa y comida.
– El alcalde era anarquista – me dijo – así es que yo siempre he mirado a los anarquistas con simpatía, quizás con gratitud. Todos no serán iguales; pero algunos anarquistas fueron muy buenos conmigo.
Al finalizar la guerra volvió a Granada. Ella había estudiado allí magisterio en su juventud. La mujer de Giner de los Ríos fue su profesora en la Escuela Normal. Las hermanas de García Lorca habían sido sus amigas.
-Recuerdo a García Lorca cuando íbamos a misa diciendo que parecíamos mosquitos en leche con esos velos tan negros – Las palabras de mi tía resuenan aún en mis oídos.
Contactó con alguna amiga y quiso ver a las demás. Le dijeron que no era conveniente ya que muchas de ellas eran viudas reciente por la acción directa del otro bando “los nacionales”. Mi tía insistió no obstante en acudir a la reunión de amigas. Nada más entrar se dirigió a cada una de ellas diciendo:
– ¡Ay amiga! ¿Cómo no te voy a entender si a las dos nos ha pasado lo mismo? A mi marido lo mataron los rojos, y al tuyo los nacionales que a mí me habían hecho creer que eran héroes y santos y ahora veo que no. –
Esta fue para mí la mejor lección sobre los efectos de la fratricida guerra civil española así como el final de la dicotomía absoluta entre buenos y malos.
Esta conversación con mi tía y su influencia en mi vida posterior es un pequeño ejemplo de los miles de cosas que aprendí a su lado. Me ayudó a salvar muchos escollos y a superar gran cantidad de handicaps en la difícil etapa de la pubertad y adolescencia.
Siempre le he estado agradecida por todo lo que me quiso y todo lo que hizo por mí. Mientras yo viva siempre estará en mi corazón.
FIN

domingo, 20 de diciembre de 2015

BUÑUELOS Y BORRACHOS. CHL. Club de escritura Fuentetaja 2015.

BUÑUELOS Y BORRACHOS
Por Carmen Hidalgo Lozano. Diciembre 2015

  
“Buñuelos de viento:
50 grs manteca, 100 gr. azúcar, raspadura de un limón y un vaso de agua. Se mezcla todo y se pone la harina y se cuece hasta que se desprenda de la cacerola. Se  deja enfriar y se le van añadiendo los tres huevos enteros, se extiende en una fuente hasta que esté completamente frío y se hacen bolitas untando las  manos con aceite y se fríen en aceite casi frío.
Borrachos:
Una taza de aceite frito, 2 de vino, 1 de azúcar, 1 gaseosa y harina hasta que se pueda extender”.
Así empezaba el cuaderno que encontré en el cajón de la alacena el segundo día de llegar a la casa del pueblo en donde me habían contratado como interna. Mi obligación era cuidar a la señora Adela, sola en aquel caserón a sus ochenta y muchos años, con más recuerdos en los recovecos de la vivienda que en los rincones polvorientos entre sus ajadas neuronas.
Me costaba trabajo leer; pero a aquella hora temprana de la noche o avanzada de la tarde, con la señora ya dormida en su habitación, me apeteció emprender esta pequeña aventura de investigación culinaria en la alacena. Ya luego cenaría y podría conectar mi canal Nova para seguir con la novela por capítulos que tanto me entretenía y venía a calmar un poco la añoranza que sentía de los míos, de mi país, de las expresiones tan apasionadas entre mi gente,… y ¡no como aquí! ¡Aquí son tan fríos! Bueno, no sé si lo son o solamente lo aparentan. Pero sí, aparentan frialdad. ¡Vaya!, lo hacen muy bien porque a mí me parece que realmente son distantes, que no les importa demasiado lo que otros sufran, necesiten, deseen o incluso den. Se alejan de los seres humanos como algunas personas se alejan de los animales, quizás por protegerse, quizás por asco, quizás por miedo,… quizás solamente por costumbre.
Era un cuaderno rayado. Me recordó al que había en mi casa a la entrada. Mi padre también anotaba allí el dinero que “no” teníamos. Lo poco que entraba cada día y lo mucho que salía. Por eso cruzamos el océano mi hermana y yo, por eso nos pusimos a servir, por eso llegué a la casa de Adela, por eso encontré estas recetas de buñuelos de viento y borrachos.
Al día siguiente, Adela me vio con el cuaderno en la mano y me preguntó qué leía. Le leí como pude la página. Ella me explicó con bastante detalle cómo se hacía para que quedara bien. No sabía el nombre de sus hijos, ni el número. No recordaba cuándo murió su marido y lo confundía con su propio padre en la foto grande que había en la pared más visible y despejada del salón. Sin embargo para mi sorpresa, sabía al detalle cómo interpretar aquella receta mal escrita y llena de gotas de aceite y de huellas digitales de su autora. También sabía muy bien el nombre de la amanuense, Idolina, su madre.
Me enterneció en especial cuando empezó a mover sus manos como si amasara cuando se refería a las bolitas que se convertirían en buñuelos y acariciaba la superficie de la mesa como si estuviera extendiendo una masa virtual antes de cortar los “rombos” (eso me dijo) que se convertirían en “borrachos” (los dulces que hacía su madre para Semana Santa). Sus manos bailaban una danza ritual como si esos movimientos de su cuerpo encerraran todos los recuerdos familiares que se estaban escapando de sus neuronas. Después de aquello aún aprecié más el cuaderno de las gotas de grasa que reposaba en un estante frío al lado del ventanuco abierto al patio.
Me contó cómo nació. Había nacido como las nativas americanas de las praderas. Su madre estaba sola cuando ella llegó. Coincidió de pleno con la siega. Todos los hombres, mujeres y niños estaban en los campos de trigo, cortando  y apilando espigas. Cuando volvieron a la noche, además de su madre estaba ella, milagrosamente viva. Mas tarde aprendería a leer y a escribir en la cocina, la principal habitación de la casa, en el mismo sitio donde aprendió a caminar y sus primeras palabras, siempre guiada por su madre. También me contó cómo pudo ella comer incluso pan blanco durante la guerra, me habló de los corderitos que cuidaba… y del caballo que le regaló su padre… y de su novio.
Luego ya no recordaba nada más. La niebla cubría sus recuerdos igual que parecía también cubrir sus ojos y sólo le dejaba ver nubes y sombras. Había perdido el detalle de los gestos, el detalle de las caras de las personas, el detalle de los días del calendario, el detalle de las guerras de cada telediario. Incluso había perdido la cuenta de si sus hijos venían a verla o no, ni cual de ellos, ni cuándo. Me daba la impresión de ser la única consciente de los días que pasábamos las dos sin más compañía que la que mutuamente nos hacíamos.
Y en aparente contradicción con todos esos olvidos, su cuerpo tenía memoria de cómo sus dedos envolvían la masa redondeada de los buñuelos, acariciaban la suave superficie de los borrachos. Estaban acariciando aquel recuerdo del paraíso infantil perdido, la memoria de la fusión con la madre, aquella madre de la que aprendió nada más y nada menos que a vivir, a paladear los bellos momentos, a sacar cosas ricas de un poco de harina, una gaseosa y… poco más.
Aunque parecía no importarle ya casi nada de la vida, a mi entender lo que ella seguía guardando era lo principal, a pesar de que muchos de nosotros no lo valoramos como tal. “Lo esencial es invisible a los ojos” decía el Principito. Lo esencial es lo que te dicta el corazón… y eso no hay Señor Alzheimer que te lo arranque del ser mientras no te falte la vida.

FÍN

GRACIAS A MI PUEBLO

     Gracias a la vida, que me ha dado una infancia feliz en mi pueblo. Pilar Geraldo me invitó, hace unos años, a colaborar con un escrito ...