domingo, 11 de octubre de 2015

SIGUIENDO A GAMONEDA. Curso de poesía en la UP de AB. 2015

SIGUIENDO A GAMONEDA por Carmen Hidalgo Lozano

“Cuando yo tenía catorce años,
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos” (de Gamoneda)


(sigue, Carmen Hidalgo Lozano)



Presionaba suavemente mis sienes
Con sus dedos de seda y toda su alma.
Cómo le dolía el cansancio de su niño
Porque yo era su niño, amado, pequeño,
Indefenso, dulce,…
A quién ella dio a luz, a quien tanto amaba

Y ahora lo veía sufriendo a causa de la crisis
Que había hundido la casa a la muerte del padre.

Cómo la recuerdo ahora, que ya no está.
Cuánto bien me harían sus manos en mi piel
Y su tierno regazo, refugio de mi corazón.

Quise sustituirla con Eulalia, mi exmujer.
¡Tropezón en el viaje de la vida!
Nunca una esposa es una madre,
O no debía serlo.

Pero los hombres, débiles en el fondo,
Buscamos cobijo en el alda de una dama.
Creemos quererla y nuestro deseo
Es que vuelva la madre con la que fuimos uno,
El paraíso perdido, más allá de nosotros mismos,
Mucho antes de ser, mucho antes de nuestra identidad.

Perdóname Eulalia,
Perdóname tú también, madre,
Y perdóname hermana, si también he sido egoísta contigo.

Intento ser un hombre, pero no es fácil.
No es fácil crecer y dejar al niño.

No es fácil dejar de jugar a Peter Pan.

jueves, 12 de marzo de 2015

AVE FÉNIX SOLIDARIO. CHL. Curso UP de escritura 2015.

El héroe del sombrero vaquero del maratón de Boston


AVE FÉNIX SOLIDARIO
Carlos volvió con Jeff a su Costa Rica natal, el país de la selva bonita y los pájaros de colores. Un hermoso lugar donde perderse para escuchar la música del agua y del viento, acompañando a los miles de trinos de múltiples diferentes aves y cientos de sonidos selváticos más. Un país de fábula del que Carlos había salido con su familia  buscando un futuro mejor en la tierra de promisión de nuestra era, los Estados Unidos de América.
Sus padres encontraron un buen trabajo. Carlos y sus hermanos, todavía mejor. ¿Cómo se llamaba aquello? ¡Ah sí, la sociedad del bienestar!
-       Carlos Arredondo ¿quieres por esposa a Lucinda Terrones? –
-       Sí, quiero –
-       Lucinda Terrones ¿quieres por esposo a Carlos Arredondo? -
-       Sí, quiero –
Y se fundieron en un abrazo como de cuento, en la pequeña iglesia tejana de arquitectura colonial española. En su casita con jardín vivieron felices y crecieron sus hijos,  Alex y Brian.
Alex entró orgulloso en el ejército americano. Causaba estragos entre las chicas con su impecable uniforme. Alex no llegó a conocer la operación “Nuevo Amanecer”, cayó durante la Ocupación de Irak. No hay palabras para expresar el terremoto de dolor que removió los cimientos de la familia Arredondo. Carlos y Lucinda, Lucinda y Carlos, cada noche sólo tenían lágrimas, gritos y reproches. Cada uno culpaba al otro de haber alentado al chico a hacerse “marine”. La tierra se movió bajo sus pies, una profunda grieta se abrió y la pareja se deshizo sin remedio.
Carlos echó a andar detrás de Cindy Sheehan, “la Rosa Park del movimiento pacifista del 2005”, y su cruz fue una más de las miles de cruces blancas que sembraron el campo de Crawford protestando contra la guerra de Bush.  ¡Una cruz por cada hijo muerto frente al rancho del Presidente!
El corazón de Carlos recuperaba un poco de fuerza y de paz en la unión con los demás. Nada podía sustituir a su hijo muerto, nada le podía devolver la paz de su hogar; pero encontraba fuerzas para seguir viviendo ayudando a los otros. Ése era su renacer de las cenizas como Ave Fénix.
Estaba empezando a poder dormir por las noches, y a llenar sus pulmones de aire de nuevo, cuando le llegó el segundo golpe como un hachazo terrible del que pensó que no podría levantarse. “¡Brian, no, Dios, Brian, no!” le gritaron las entrañas por dentro cuando lo supo. Brian, su hijo pequeño, no pudo resistir la tensión y el desgarró y un año después del divorcio de sus padres apareció muerto una madrugada con una sobredosis de calmantes.
Cuando el destino te ha elegido como Ave Fénix, vuelves a recomponer tu figura desde el rescoldo y, sacudiéndote las cenizas, sales volando de nuevo. Tú no sabes cómo eso ha sido posible. Alguien o algo más fuerte que tú te ha elegido y no tienes que hacer sino dejarte llevar. Y ése era Carlos Arredondo, nuestro pequeño gran hombre, héroe inmenso de la vida cotidiana.
Sacando fuerzas de flaqueza acudió al Maratón de Boston con las fotos de sus dos hijos en su camiseta. Seguiría luchando hasta la muerte por lo que creía justo.  Y, como un destino siniestro, estallaron las dos bombas asesinas en medio de la carrera. Carlos corrió hacia el mismo centro de la explosión buscando a quién ayudar… Y lo hizo, de nuevo renació de entre las cenizas, como el destino le hubiera marcado, esta vez como un ángel salvador sacando a Jeff de las mismas entrañas de la muerte. Por eso hoy estaban los dos en Costa Rica juntos, celebrando.


Carmen Hidalgo Lozano. 12 /03/2015

domingo, 8 de marzo de 2015

Igualdad de Género. Y mientras aún respiro.

Y MIENTRAS ¡AÚN RESPIRO!

Por Carmen Hidalgo Lozano. 2015
Clase de psicología en formación profesional. Se hablaba del duelo. La profesora nos invitaba a compartir experiencias.
Me levanté. Sentía mi cuerpo ágil, seguro, firme, como mi pensamiento, como mi decisión, como el futuro que veía claro delante de mis ojos, después de tanto tiempo y hablé:

Yo he sufrido malos tratos del padre de mis hijos. Un día dije ¡Basta, se acabó! y busqué ayuda. Casi no puedo creer que lo estoy contando. Y mientras ¡aún respiro!

viernes, 20 de febrero de 2015

PAZ

Por Carmen Hidalgo 2015

Por primera vez en más de una semana quito las cosas de encima de las mesas del salón, barro y ordeno mi cocina, hago mi cama, pongo los pañuelos del cuello estirados en la percha y cuelgo las chaquetas en el armario.

¿Por qué? Estoy terminando la maleta, salgo de viaje dentro de una hora. Esta acción me colocará a más de doscientos kilómetros de mi madre y de toda la familia. Quizás en mi mente esté anticipando la paz que me proporcionará la distancia. 

Llevo muchos días repitiéndome a mí misma casi continuamente que tengo derecho a mi propia vida, que debo olvidarme de mi madre durante espacios de tiempo que me corresponden a mí, que no es bueno estar siempre preocupada, incluso puede ser negativo porque me dificulta muchas veces el ocuparme de ella. 

Es una lucha para mí muy difícil, no consigo despegar. Son muchas las circunstancias que me son adversas. Sigo y sigo diciéndome a mí misma: “Lo más importante es que tú estés tranquila y, si necesitas desconectar para eso, desconecta”. Por eso no he ido a verla esta semana. 

El propietario de la residencia me gritó, sin razón para ello, sólo su furia, sólo como derivación del ninguneo al que me somete mi familia. Tengo que defenderme a mí misma. Esta obligación está por encima de la obligación de cuidar a mi madre. Es más, si no consigo hacerme con las riendas de mi vida no podré seguir ocupándome de ella, no podremos seguir disfrutando las dos de esos momentos de placer compartido que aún nos brinda la vida. 

Esta es la siguiente cuestión más importante. Primero: que yo esté tranquila, segundo que podamos seguir disfrutando de nosotras mismas en la medida que el momento presente nos lo permita.
Aún tengo suerte de poder contactar con ella. 
Desde Siria: está el skype, está el teléfono móvil, está el whatsapp.
Desde El Granado: está mi coche, está el horario de visitas, están los fines de semana en que puedo sacarla.

Sin embargo no puedo olvidar.
En Siria: la guerra, las bombas, el hambre, el dolor, el aislamiento, la brutalidad de los gobernantes y los militares, su soledad, su impotencia.
En el Asilo de Ancianos: su fragilidad, su ansiedad ante lo desconocido, su miedo al futuro, su soledad, la falta de consistencia de su memoria que le impide recordar que estuve allí ayer, que acabo de hablar con ella por teléfono, que seguramente iré mañana.

domingo, 12 de octubre de 2014

El REINO DE LOS MERCADOS. Club de Escritura Fuentetaja. 2014

EL HADA SOLIDARIDAD EN EL REINO DE LOS MERCADOS

EL HADA SOLIDARIDAD EN EL REINO DE LOS MERCADOS

Por Carmen Hidalgo Lozano

Erase una vez un mundo cuyos reyezuelos se llamaban Mercados. Llegaron a dominar todo el mundo conocido, que entonces era solamente el Planeta llamado Tierra. 



Ellos vivían en una nube mágica, aislada de todo dolor y carestía. El lujo que los envolvía dio en llamarse el Mundo Financiero. Tenían sus propios Paraísos apellidados Fiscales en lugares estratégicos distribuidos por toda la Tierra en donde podían refugiarse del clamor de la plebe. Nunca antes se había conocido tal nivel de riqueza y fastuosidad, ni siquiera en tiempos de Catalina La Grande Emperatriz de Rusia.


Lujosos carruajes tirados por los mejores caballos árabes o españoles, descapotables cuyo valor se estimaba en millones de la moneda más valorada del momento, helicópteros y aviones familiares les llevaban de una punta a otra de la, para ellos pequeña, bola del mundo.
Entre ellos se hacían la competencia, rivalizando en poder y en ansia de mayores riquezas que ostentar. Llevados por la codicia no pararon mientes en engañar a sus pobres súbditos con un producto tóxico llamado Hipotecas Basura, mediante el cual les vendían las casas que habitaban a cambio de llevarse para sus arcas casi todo el sueldo del mes de las familias, cuyo poder adquisitivo bajaba y bajaba. Tanto bajó que un día la mayoría de los súbditos dejaron de pagar el producto tóxico porque ya no les alcanzaba. Ya prácticamente no podían comprar casi nada, ni siquiera les llegaba para alimentar a sus hijos a finales de mes. Las fábricas de productos de consumo acumularon pérdidas y empezaron a despedir a sus empleados, de manera que muchos súbditos se quedaron sin ingreso alguno. Llegado este momento, Los  reyezuelos llamados Mercados expulsaron de sus casas a la mayoría de sus súbditos por haberle hecho daño a su Mundo Financiero y las calles del mundo empezaron a llenarse de pobres.
Cada vez había más pobres en las calles de las ciudades de todo el mundo: ancianos enfermos, niños hambrientos, mujeres y hombres famélicos y desesperados, pidiendo una ayuda para sobrevivir.  Paradójicamente las casas de las ciudades se iban quedando vacías y abandonadas; pero ellos, los pobres, no podían entrar allí a refugiarse, ni en invierno cuando las nieves cubrían las calles, ni en verano cuando los cuarenta grados a la sombra amenazaban con deshidratación severa la vida de niños y ancianos. Todos estos edificios vacíos formaban islotes de barrios fantasmagóricos en el centro de algunas ciudades, por dónde daba respeto transitar, a pesar de la belleza de las avenidas y jardines que los rodeaban en algunos casos. Pasaron a ser propiedad del Mundo Financiero, cuyos pequeñas empresas se llamaban Bancos; pero no bancos para sentarse y descansar, o para dormir si vives en la calle, sino bancos para el descanso de Don Dinero, el más poderoso señor de todos los tiempos, por encima incluso de los reyezuelos llamados Mercados. Paradójicamente en los atardeceres de invierno se acumulaban pobres de toda clase y condición en sus puertas compitiendo por entrar al portal de acceso al Cajero (grifo por el que Don Dinero salía para habitar en los mejores bolsillos) con el fin de refugiarse del frío extremo durante la noche.
Todavía quedaban algunos súbditos de los Mercados que seguían trabajando, circunstancia que aprovecharon los Mercados para extraer de su salario todo el jugo que se pudiera hasta exprimirlos. Necesitaban acumular todo lo posible en su Mundo Financiero ya que Don Dinero no podía casi descansar en los Bancos porque tenían demasiados edificios vacíos de los que ocuparse. Esta estrategia de los Señores Mercados era buena para acolchar la cama de Don Dinero en el Banco; pero además resultó también ser espléndida para aumentar más y más el número de pobres en las calles, ya que estos súbditos cuyo salario seguía expoliándose cada vez más se convertían fácilmente en pobres hasta incluso no poder pagar su Hipoteca (aunque no fuera de las llamadas Basura) siendo así expulsados de sus casas y cargados con una deuda de por vida que los convertía además de pobres en Morosos, etiqueta denigrante y difícil de sacudirse de encima que les privaba de la posibilidad de comprar casi nada más para el resto de sus vidas.
El resultado fabuloso que obtuvieron los Señores Mercados fue un Mundo Financiero cada vez más saneado, con una corte de Ricos, cada vez más ricos, rodeados de lujo y fastuosidad como jamás se conoció entre reyes, jeques ni maharajás del Este, del Oeste, del Norte ni del Sur. Cada vez eran más los ricos y sus riquezas aumentaban inconmensurablemente; paralelamente  aumentaba el número de pobres y su pobreza rayaba casi en el infinito.
De lo que un día fue la Sociedad de Bienestar, llamada también Sociedad de Consumo, apenas quedaban pequeños reductos, como islotes, como ruinas que recordaban el paso del tiempo, como el Foro Romano se adivina en el centro de la Ciudad de Roma, como la silueta del Partenón se alza en el horizonte recortando los atardeceres de la Ciudad de Atenas.
Había gran diversidad entre los pobres, inmigrantes provenientes de todas partes, de Africa Sudsahariana, del mundo árabe mediterráneo, de países asiáticos, de Europa del Este, de América Latina,… Unos habían entrado con papeles y otros entraron de forma ilegal, sin papeles, por eso les llamaban “los ilegales” – como si las personas pudieran ser ilegales solamente por su origen. Afectaba especialmente la pobreza al mundo infantil. Pero cada vez eran más los ciudadanos locales, trabajadores de toda la vida e intelectuales de clase media, que se sumaban a las estadísticas de población en los límites o incluso por debajo del umbral de la pobreza. Unos habían perdido sus trabajos, otros habían perdido sus negocios, otros habían perdido sus casas. Algunos desesperados se llegaron a quitar la vida. Esta última circunstancia fue silenciada en los medios de comunicación social con el argumento de que su  divulgación podría hacer de efecto llamada y multiplicar el número de víctimas. De hecho muchas personas no conocían ni siquiera el hecho, solamente los más próximos en cada caso llegaron a saberlo. Una bolsa especial de pobreza y marginación se fue haciendo cada vez más grande: la de los Refugiados que huían de zonas en conflicto bélico. Una de las entradas más seguras de Don Dinero en las arcas de Los Mercados era la venta de armas a otros países. Además del ingreso por las ventas se derivaba otra ventaja añadida, la destrucción de bienes de primera necesidad que deberían ser repuestos cuando la guerra terminara, extendiendo así de nuevo el poder de Los Mercados.
La Escuela Pública, que siempre había actuado como colchón amortiguador de diferencias, como elemento de inclusión, se había visto amenazada en su función educativa por la discriminación que pesaba sobre ella al aumentar los privilegios de la llamada Privada Concertada. En estas últimas escuelas elegían libremente a sus profesores; pero también elegían de alguna forma a sus alumnos al tener menos dificultad en rechazar a los más problemáticos y a los procedentes de bolsas de marginación, que automáticamente pasaban a la Escuela Pública. De esta forma los niños se educaban en al menos dos ambientes contrapuestos, uno de ellos con mayor riesgo de exclusión social en el futuro.
Una situación tan desesperada llevaba a los distintos tipos de pobres a luchar entre ellos, compitiendo por la supervivencia como grupo. Unos querían expulsar a los extranjeros de sus países, otros querían hacer desaparecer a los indigentes de las calles de sus ciudades proponiendo leyes tan increíbles como el pago de multas a los que tenían que pedir para comer algo ese día, e incluso hubo quienes pidieron que llevaran a la cárcel a todo aquel que protestara por tanta necesidad sin cubrir debido a la tiranía de Los Mercados.
Como siempre hay una luz al final del túnel y ningún daño puede ser eterno, como por arte de magia se produjo la llegada de las hadas Empatía y su hermana Solidaridad procedentes del Reino de los Sueños, de la Ciudad de las Utopías. El hada Solidaridad bien podría estar dormida en la escultura en mármol de La Caridad desde el Siglo XVIII.


Las hadas Empatía y Solidaridad fueron introduciéndose poco a poco en el tejido social empezando por las Oeneges, asociaciones creadas bajo su inspiración. Después se acercaron a los propios ciudadanos más pobres que poco a poco fueron cambiando su actitud de lucha entre ellos por la actitud de ayuda, generando esperanza, paz y bienestar. Más tarde fueron penetrando en los hogares de la cada vez más minoritaria clase media y hasta se atrevieron a penetrar un poco en las altas esferas. Tocaron el corazón de algún director de banco que pensó que el portal del cajero era demasiado pequeño para tanto pobre y decidió empezar a abrir los pisos de los edificios vacíos.

Las hadas se colaron por las ventanas del mundo financiero llegando incluso a algún Paraíso Fiscal. Finalmente iluminaron la mente de algún Señor Mercado que sueña un mundo en el que – como El avaro de Dickens – él mismo es más feliz, llegue o no la Navidad.
Y el mundo se transformó en un mundo solidario, sin exclusiones, con menos  pobreza, recuperando la sociedad del bienestar perdido, que ya nunca más fue la sociedad de consumo porque ya la gente no se encerraba en “cajitas de tiqui taca pequeñitas todas igual” sino que salían a la calle, a la playa, a la naturaleza. Se habían dado cuenta de que lo que está verdaderamente globalizado es el género humano que constituye un ser único llamado HUMANIDAD y no puede sentirse bien si le estalla la cabeza en Gaza o Cisjordania o le pica un abejorro en Ucrania.

FIN

martes, 30 de septiembre de 2014

CABALGATA ECUESTRE. CHL. Club de Escritura Fuentetaja 2014




CABALGATA ECUESTRE:  PARA JOSÉ MARÍA...

Por Carmen Hidalgo Lozano






DOS AMIGAS. CHL. Club de Escritura Fuentetaja 2014

DOS AMIGAS.

Por Carmen Hidalgo Lozano

2008, casi al comienzo de la crisis actual, nos volvemos a encontrar en su ciudad. ¿Por qué ella es de mi familia? Porque compartimos algo más que piso en mi ciudad unos años atrás y desde entonces ella cuenta en mi vida y yo creo contar en la suya. Sin condiciones, sin compromisos. ¿Cómo hermanas? Quizás mejor que las hermanas, porque las amigas son libres y se quieren y se apoyan solamente porque sí.

Como en las familias, la comunidad de amigas nos puso en contacto cuando ella vino a Castellón. “¿Necesitas alojamiento? No te apures, si quieres llamo a Carmen, ahora está sola y le gusta compartir piso con profesoras, amigas de sus amigos”. “Sí, porfa. Es que no sé si no qué voy a hacer”. Y así nos conocimos.

La vi apurada. Le daban un Ciclo Formativo nuevo, no había textos, ni programaciones, ni casi nada. ¿Quién habrá dicho que los profesores no hacen nada? ¡Dios mío! ¡Me gustaría verlos a ellos en ese lugar a ver cómo se desenvolvían! Puse de mi parte lo que pude. Hacía la comida, aunque no soy muy buena cocinera y le ofrecía mi experiencia con otros ciclos nuevos, de otra familia profesional, nada que ver con la suya… Y nos tomábamos una cervecilla fría a la noche charlando un rato. Eso era lo mejor del día.

Me vi ampliamente recompensada. Ella me ha enseñado sin palabras lo que significa el optimismo y eso que ahora llaman la resiliencia, que me parece una palabra la mar de rebuscada. Pienso que es mejor llamarle buen humor o “al mal tiempo buena cara” como siempre.  Siempre con una sonrisa, siempre con una frase agradable, siempre con un “¿y por qué no?” a cualquier proposición alegre, salir un ratito, ir a una plaza del centro animada, reunirnos con unos amigos, ir al cine,… Cualquier cosa que rompiera la rutina, que nos hiciera olvidar por un momento todo el estrés del día o de la semana, incluso los problemas que pudieran tener nuestros padres allá, al otro lado del teléfono.

Los padres a 300 kilómetros, con achaques. Cada una con sus problemas de familia tan diferentes y sin embargo tan parecidos. Allí estábamos unidas por el trabajo y por la distancia de los nuestros, como la serie “Doctor en Alaska”.  Siempre pensé que lo más interesante de esta serie no era el rodaje tan cerca del Círculo Polar sino el hecho de estar situado “allí”, tan lejos de todo, tan lejos del entorno conocido, que tienes que formar una familia nueva en ese otro lugar. Tus nuevas relaciones pasan a convertirse en tu familia real.

Esto te hace crecer, convertirte en un adulto, crear tu propia familia – de nuevo – tu nueva familia. No es preciso casarse para configurar una nueva familia. Todos la necesitamos y hay muchas formas de generar estas nuevas relaciones… familiares al fin y al cabo.

FIN





GRACIAS A MI PUEBLO

     Gracias a la vida, que me ha dado una infancia feliz en mi pueblo. Pilar Geraldo me invitó, hace unos años, a colaborar con un escrito ...